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«Vamos a sufrir, pero al final estaremos entre los dos primeros clasificados»

Calarca Por Calarca

el 10-10-2017 a las 23:41

Xandao, defensa del Sporting 2017-18
Xandao, defensa del Sporting 2017-18

Alexandre Luiz (Araçatuba, Sao Paulo, Brasil, 1988), que ve el mundo desde sus largos 1,93 metros, promete que ningún miembro de su familia es tan alto. «Mi mamá mide 1,72 metros y mi papá, 1,70. Desde niño he tenido la broma con mi hermana de que debía de ser adoptado», suelta entre risas con un castellano muy afinado. 'Xandao', que aguarda con paciencia su oportunidad para debutar en la Liga, ha encajado con armonía en el vestuario y, durante la conversación con EL COMERCIO, se le captan las maneras de un líder futuro. Afable en el trato y con gusto por la conversación, aunque esta se aleje en algún momento del balón, se reconoce un gran amante de la lectura: «Leo mucho en mi tiempo libre, últimamente de finanzas. Busco conocimiento para saber cómo invertir mi patrimonio. La mayoría de los jugadores brasileños no tienen esa conciencia y terminan por perderlo todo».

-¿De dónde le viene 'Xandao'?

-Es aumentativo de Alexandre. En Brasil, cuando alguien es pequeño, siempre se le dice 'inho': Ronaldinho, Robinho. Cuando es grande, es 'ao'. De Alexandri, 'Xandi', 'Xandao'.

-¿Del 1 al 10 en qué punto se ve?

-Me ha costado coger la forma, pero ya me veo físicamente a tope. Solo necesito el ritmo de los partidos. Diría que estoy en un siete.

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-¿Y cuántos kilos ha perdido desde su llegada?

-Unos tres, pero también me ha cambiado un poco el cuerpo en estos cincuenta días. He perdido grasa para ganar masa muscular.

-¿Por qué estuvo tantos meses sin jugar en el Anzhi?

-Firmé por tres temporadas con el Anzhi, en agosto de 2016. Había entonces un proyecto a largo plazo. Y en diciembre, como pasa siempre en Rusia, paró el campeonato. Volvimos en enero para la pretemporada, pero nos encontramos con que había cambiado todo: directiva, cuerpo técnico. No entendía nada. Nos explicaron que el club había cambiado de dueño y que el nuevo no quería contar con los extranjeros. Teníamos, además, dos pagas atrasadas. Solo nos querían cubrir eso. Los rusos son un poco complicados para los negocios. Entendí que no era justo y comuniqué que me quedaba. El club respondió apartándome de la plantilla. Solo hacía trabajo físico. Luego me bajaron con el 'B' y me quitaron el traductor que tenía conmigo.

-Le incomunicaron.

-Exacto. Contraté un abogado en Brasil para que me ayudase porque ya ni me pagaban. Él inició una serie de trámites con la FIFA y pude rescindir.

-¿Y sabía algo del Sporting?

-Desde que rescindí, mi intención siempre fue volver a una competición fuerte. Por eso tardé tanto en firmar. Casi cinco meses. Tuve un par de propuestas para volver a Brasil, pero no quería. También del fútbol turco. No sé por qué, pero en todos los mercados me busca algún equipo de este país (sonríe). Pero mi ambición era volver a una liga fuerte. Sabía perfectamente qué equipo era el Sporting y que era un buen momento para venir. Me tomé un tiempo, eso sí, para ver cómo era la Segunda. Necesitaba información.

-¿Qué opinión tiene de Gijón después de haber jugado y vivido en Sao Paulo, una ciudad con unos 12 millones de habitantes?

-Es una ciudad encantadora. Lo de la lluvia para mí no es nada después de pasar cuatro años en Rusia (risas). Gijón tiene mucho encanto, especialmente por su gente, que es muy amable. En Rusia cuesta más vivir como extranjero. Es un pueblo frío. Pero aquí la gente es diferente.

-¿A qué se dedica su padre?

-Fue treinta años policía de la provincia de Sao Paulo y luego, después de retirarse, empezó como abogado. Le debo todo en mi carrera. Quería que fuera jugador, pero al mismo tiempo que no descuidara nunca los estudios. Siempre fue muy exigente con eso. Si no hubiera jugado habría sido abogado, como él, o médico. Sacaba buenas notas.

-¿Cuánto calza?

-Un 46 (risas).

-¿Cómo es Araçatuba, la ciudad en la que se crió?

-Está en la provincia de Sao Paulo, pero a 600 kilómetros de la capital. Tiene como 200.000 habitantes. Es un sitio tranquilo. Se vive mucho de la agricultura y la ganadería.

-¿Dónde aprendió castellano?

-Mi primer contacto con alguien que hablara castellano fue en el Sporting de Lisboa, en Portugal, en 2012. Allí tenía a Diego Capel y Jeffren, y empecé a escucharles. Cuando me fui a Rusia, después, coincidí con Dealbert, que había jugado en el Valencia. Esa fue ya la clase definitiva (risas).

-¿Cómo es su relación con Paco Herrera?

-El míster es una persona que sabe tratar a la plantilla. No solo mira a los once titulares. Yo llegué sin condiciones para jugar, pero desde el principio me trató como a uno más. Eso me gusta. No es fácil encontrar a un entrenador que dé atención a todos. Él sabe que somos importantes todos en un campeonato tan largo. Me parece un profesional muy preparado. Y su trayectoria está ahí. Conoce esta competición como nadie. Estamos muy bien representados y tenemos que asumir lo más rápido posible sus ideas. No atravesamos un buen momento, pero estamos a tres puntos del líder. No hicimos todo bien, lo sabemos, pero tampoco todo mal.

-¿Es una cuestión más técnica o de la mentalidad del grupo?

-El míster nos ha dejado claras sus ideas, pero necesitamos tiempo. Creo que nos vamos a terminar de ajustar pronto. En los dos partidos que perdimos no conseguimos desarrollar su idea. Todos tenemos culpa por estos malos resultados, pero estoy seguro de que vamos a ir a más pronto. Hay que dar mucha confianza a este entrenador y tener paciencia. Nuestro equipo es muy fuerte, con muy buenos jugadores.

-Maneja bien el balón, pero llama la atención su punta de velocidad con 1,93 metros.

-Siempre ha sido una virtud que he tenido. A la gente le sorprende y creo que es un punto positivo de mis características, sobre todo con mi envergadura. Trato de aprovecharlo al máximo.

-¿Fue un niño con ídolos?

-Cuando era más pequeño no era defensa. Jugaba de delantero centro hasta los trece años. Un entrenador me dijo entonces que tenía más posibilidades y futuro si lo hacía como defensa. Mi ídolo como delantero era Ronaldo, 'El Fenómeno'. Como defensa admiré a Lúcio, el que jugó en el Bayern.

-¿Llegó a coincidir con Ronaldo como rival en Brasil?

-No, pero sí con Ronaldinho Gaúcho, cuando él estaba en el Flamengo. Voy a poder decir a mis hijos que jugué contra Ronaldinho (sonríe). Yo entonces estaba en el Sao Paulo y empatamos (1-1). ¡Por suerte ese día no estaba con tanta magia!

-Es un defensa con gol, sobre todo en las estrategias.

-Tengo ese instinto e intento que sea un extra. Pero también dependo mucho del pateador (risas). En algún equipo no conseguía tener esa comunicación. A veces yo iba al segundo palo y el balón al primero. Decía: 'Mido 1,93, ¿por qué no me mandas el balón?'.

-¿Dónde va a estar este Sporting al final?

-Sé que va a ser difícil, porque veo que en Segunda no hay ningún partido fácil, pero estoy convencido de que al final estaremos entre los dos primeros.

-¿En qué porcentaje de rendimiento se encuentra el equipo?

-Quitando este partido contra Osasuna y el de Soria, en cada uno de los demás tuvimos sesenta minutos de control del partido. Creo que estamos al 60% de lo que podemos hacer.

Fuente: El Comercio
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