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Orgasmatron En El Molinón 2

Orgasmatron En El Molinón 2

9.  El dia del Figueras

10. Puta Oviedo hay que decir…
11. Ultra Boys on tour
12. Destino: Valladolid, Bilbao, San Sebastián
13. Queremos cambiar Oviedo por Logroño
14. Otros viajes


 

 

9. EL DIA DEL FIGUERAS

Dos semanas antes del llamado día del Figueres escuchamos en jichomatic a Jorge ”El Negro” muy mosqueado. Por lo visto habían publicado en un fanzine llamado “ultras” de tirada nacional, un artículo donde la Brigada Azul Universitaria se daban a conocer como grupo mintiendo como idiotas, contando una cantidad de fantasmadas que asustaba. Decían que nos habían oxtiado en diversas ocasiones tanto en Oviedo como en Gijón??!! Vamos, que los Ultra Boys vivíamos porque ellos nos perdonaban la vida cada día. Joder, no me extraña el mosqueo de “El Negro”, aquello no podía quedar así. Había que ir a por ellos. A la semana siguiente en El Molinón se repartieron unas hojas en el Fondo llamando a la peña para ir el próximo domingo a omierdo a ajustar cuentas con los putos carbayones en el futbolín. A nosotros nos lo dijo el propio “Negro” que no necesitó mucho para convencernos y que intentáramos traer a todos los posibles a la movida. Ibamos a ir en tren por lo que quedamos en la estación unas horas antes para empezar a chumar.

Se lo dijimos a Kiko que se apuntó al momento y el domingo fuimos a buscar a Ramone que en aquellos años intentaba tirar del Norte Gijón y no se había enterado del asunto. Le fuimos poniendo al corriente camino de la estación. Cuando llegamos había ya 20 tíos chumando y cuando cogimos el tren seríamos alrededor de 35 borrachos dispuestos a todo. El revisor ante el cachondeo general sólo le pidió el billete a uno y salió del vagón apresurado cuando vio a toda la peña con él en la boca. Cuando llegamos a omierdo salimos del tren corriendo y gritando. Recorrimos la calle Uría saltando encima de los coches, rompiendo retrovisores y papeleras, mientras la gente que nos encontrábamos cambiaba de calle o se metían en algún bar mirándonos alucinados. El plan era sencillo: nada más llegar al futbolín iríamos a las puertas que dan al fondo que ocupaban los de la Brigada Azul y cuando a falta de unos minutos para acabar el partido abriesen las puertas, entraríamos cazando por sorpresa a los cagones azules. Joder, aquel plan sonaba de la oxtia, si hubiera salido bien, pero la bonita historia se torció desde el principio. Aunque conseguimos llegar al futbolín del Tartiere sin ser controlados por la policía, cosa increíble, la cagaron unos pocos demasiado borrachos que intentaron entrar por las bravas al ver una de las puertas abierta con dos porteros, que cuando intentaron entrar empujando tropezaron con el enorme cajón de madera donde se tiran los resguardos de las entradas. Aquel estúpido cajón, junto a la reacción rápida de los porteros y otros viejos que estaban allí, consiguieron repeler a los ultras y cerrar la puerta. Aquella puta gilipollez nos impidió entrar al fondo a patear carbayones, ¡putas prisas, cojones! Se montó un gran escándalo en esa zona del futbolín por lo que tiramos para el fondo contrario. Tuvimos que esperar un rato a que abriesen las puertas y entonces entramos dispuestos a atravesar el campo. Estábamos en la esquina del fondo norte con el oeste cuando nos dimos cuenta que los Brigada Azul habían huido. Joder, se notaba el hueco dejado entre la gente y se habían olvidado por las prisas una pequeña pancarta en la valla. No nos lo podíamos creer, ¡habían salido corriendo de su propio campo! Seguro que escucharon el lío que montamos en la puerta de su fondo y alertados por los porteros se largaron por patas. Estábamos todos muy mosqueados y empezamos a cantar un “Figueras, Figueras!!” seguido de un “SPORTING-SPORTING!!!” que hizo que todo el campo se callara y se nos quedara mirando. Entonces con unos cuantos subidos en la valla lanzando cortes de manga entonamos un “PUTA OVIEDO, PUTA CAPITAL!!!” que atronó el futbolín como si fuéramos 200 tíos. ¡La oxtia!, fueron unos segundos mágicos, con todos los carbayones mirándonos callados, hasta que empezamos con un “GIJON, GIJON!!” que hizo que todo el estadio empezara a pitarnos y a insultarnos, a lanzarnos botes y monedas. De repente un viejo se descolgó y le quitó la gorra a Juanín “El Flaco”, que se lanzó a por el viejo y ahí empezó todo. En un momento estábamos rodeados de viejos socios y aficionados carbayones que aquella tarde nos demostraron la gallardía y señorío de los ciudadanos de la puta capital, convertidos en viejas bestias borrachas que pagaban contra nosotros años de envidia hacia el Sporting y hacia el Sportinguismo.

Intentamos mantenernos juntos y a base de patadas y empujones conseguimos salir del estrecho campo. En ese momento tocaba retirada, estábamos totalmente copados de gente que venían de todos los fondos a intentar oxtiarnos y empezamos a separarnos. Joder, no se cuántas oxtias, patadas y bastonazos me metieron en el corto trayecto desde la puerta a la primera fila de coches aparcados. Cuando estaba llegando casi consiguen tirarme al suelo, tuve que clavar la rodilla para equilibrarme, la gente se me tiraba a la pechera, cosa que en ese momento no entendía. Tenía que correr metiendo los antebrazos para protegerme de esta masa de hijoputas y saltando las numerosas zancadillas que me iban poniendo. Conseguí subirme al primer coche aparcado y salté al siguiente mientras unos viejos intentaban agarrarme de las piernas, salté de coche en coche rápidamente, algunas ventanillas se rompían a mi paso lo que hacía que los putos viejos tuvieran que pararse para protegerse de la lluvia de cristales y eso me daba unos segundos valiosos para seguir corriendo. Cuando iba a saltar del último coche pude ver a mi izquierda a Jorge “El Negro” que totalmente rodeado soltaba golpes al aire con una porra extensible que manejaba en aquella época. ¡Joder!, con su gorra y su chupa hooligan parecía un domador de cabrones. Salté a la carretera donde tuve que correr numerosos sprints para zafarme de las numerosas oxtias con que me obsequiaron, había tres tipos de unos 45 años que me perseguían desde que me subí a los coches. Casi consiguieron trincarme al verme frenado por un viejo que por poco me tira al suelo, pero al final conseguí salir de las inmediaciones del futbolín con un montón de oxtias y golpes que esos momentos no acababa de sentir. Después de recorrer varias calles me metí en el hueco de un portal. No podía más, estaba roto por el tremendo esfuerzo. En ese momento me di cuenta por qué se me lanzaban a la pechera, ¡joder, si llevaba la bufanda todavía puesta en vez de haberla guardado cuando empezó la movida! Estaba muy borracho, fumao… Cuando salí me encontré con tres puretas que iban con un palo pero aunque me miraron un rato no me dijeron nada por lo que seguí andando tranquilo haciéndome el loco.

 

 

Me quedé por la calle Uría para ver si encontraba a algún ultra pero al no encontrar a nadie me fui a coger el Alsa por si la policía controlaba los trenes.

Aunque parezca increíble sólo un ultra acabó mal parado, fue el norteño “Polo”, al que un portero le hizo una pequeña brecha en la cabeza golpeándole con una gran cuña de madera por la espalda. El resto, algunos golpes y moratones. Pudo ser peor.

Kiko y “El Infra” tuvieron que subirse por una fachada a un tejado para escapar de la gente y a los que intentaban subir les lanzaban tejas; al final les detuvo la policía por alterar el orden público y detenían solamente a dos aficionados azules.

 

 

Según decía el periódico “La Voz de Asturias” habían intentado ahorcar a un ultra del Sporting en un árbol ¿? Nunca supimos quién fue el casi-ahorcado.

Aquel día supuso un punto de inflexión en las relaciones entre las dos aficiones y acabarían pagando con creces aquel maldito día. Lo increíble de esta historia es que mientras nos linchaba una multitud, los Brigada Azul huían a esconderse a casa acojonados.

Aquí empezaban los “ultras” carbayones a labrarse su fama de conejos y perdían una ocasión histórica de participar en el linchamiento ya que en ese viaje iban la mayoría del núcleo de Ultra Boys de los años 80 como los Domínguez, ”El Negro”, la Sección Vino, la Infras y otros destacados ultras aparte de algunos del Norte Gijón.

 

 

10. PUTA OVIEDO HAY QUE DECIR…

La verdad es que siempre se les ha dado cierta categoría a todos esos grupos-escoria que han salido de omiedo por tratarse de nuestros enemigos más odiados pero ni en broma pueden ni asemejarse al movimiento ultra gijonés. Joder, si incluso el Norte Gijón solos podían haberles oxtiado si se ponen. Son una verdadera escuela de estúpidos y llorones.

Han ido cambiando de nombre, primero los vapuleados Brigada Azul, Peña Chiribí y la Peña Bochum que de tanto chupar se transformaron en las Brigadas Azules y los sub-north-boys (muy malos estos) que de tanto salir mal parados por fin se convirtieron en los conejos azules de los Symmachiarii. Osea, los mariachis o los symmecheros. Todos estos grupejos siempre que se les ha dado oportunidad en algún medio de comunicación o revista se han dedicado a contar increíbles mentiras y chorradas varias, pero cuando hemos ido a su pueblo y han tenido que estar ahí, nunca han aparecido o han huido como lo que son: conejos azules

La historia de los Ultra Boys con estos temibles cagones ya empezó en los primeros 80 cuando íbamos al futbolín en los trofeos veraniegos donde ya solamente el “Austra” causaba estragos y carreras entre la Brigada Azul Universitaria y también entre el resto de la grada. Incluso llegó a tirarle una navaja abierta a Viti, capitán del Omiedo. Joder, veían al “Austra” y se cagaban encima!!. Luego llegó el día del Figueres que ha sido la única vez que nos vimos desbordados por aficionados azules, naturalmente viejos borrachos, mientras los “aguerridos ultras” carbayones desperdiciaban una oportunidad histórica huyendo a sus casas acojonados. No debisteis ir a casa a cambiaros de calzoncillos!!

Cuando subieron a primera, en verano se jugó el primer trofeo principado en el que fuimos unos 80 tíos. En esta época no había control policial por lo que íbamos por la calle Uría rompiendo papeleras y retrovisores, saltando encima de los coches sin que ningún grupo de “ultras” carbayones hubiera venido a buscarnos. Naturalmente al partido de vuelta en El Molinón no se atrevieron a venir y los que lo hicieron venían sin bufanda o distintivo carbayón y sólo se atrevían a ponerse la bufanda azul dentro ya del estadio y muy lejos de nosotros. En el primer derby de liga volvimos a Omiedo sin control policial por lo que podías seguir la estela de destrozos por todo el camino al futbolín del Tartiere de los más de 100 ultras que fuimos. Estábamos destrozando su preciada aldea y los cagones azules siguen sin aparecer ni a intentar hacernos frente, ni de lejos, increíble pero cierto. Lo más alucinante era que la policía no se atrevía a intervenir por falta de antidisturbios y nos observaban desde la distancia sin saber muy qué hacer ante una centena de ultras violentos y borrachos, por lo que era como un paseo destroyer por su preciada capital.

El partido en Gijón hay muchos carbayones que no lo olvidarán. Los Chiribís no iban a venir como grupo al no conseguir protección policial. Desde los Alsas hasta El Molinón había grupos de Ultra Boys robando las bufandas a los del omiedo y escorriéndolos por todo Gijón a patadas. La verdad es que fue la oxtia, los Infras cogimos a unos tíos en el parque que nos dieron sus bufandas y 4000 pts, y joder, eran tres tíos varios años mayores que nosotros que estaban super acojonados. Cuando acabó el partido muchos volvieron a hacer footing por el paseo del muro con varios ultras gijoneses detrás.

Hicimos varios viajes en derbys a omiedo sin control policial en los que jamás vino ningún grupo ultra de omierdo a hacernos frente mientras destrozábamos todo por donde pasábamos. Joder, incluso en un derby en que perdió el Sporting, empezamos a cantar aquello de “¡¡vamos a ganar nosotros el partido!!” y al salir del futbolín hubo un montón de oxtias contra todos los que encontramos con bufanda o bandera azul. Joder, en su propio estadio chupaban. Aquella movida fue muy sonada tanto en radio como en todos los periódicos en las que salieron fotos de distintas movidas ocurridas aquel día.

Debido a estos incidentes y al bombo que dieron los medios de comunicación donde se nos tachaba de casi-terroristas la policía empezó a hacer caso a los putos chiribís y empezó a poner control policial para que ellos pudieran atreverse a venir a Gijón.

Un año cuando llegamos a omiedo nos esperaban varias dotaciones policiales que las pasaron putas para conseguir meternos a oxtias en el futbolín. Fue un día de toletazos y carreras por toda la ciudad. Aquí empezarían las putas burbujas policiales que acabarían con nuestra libertad de acción y de destrozo y que tanto gustan a los cagones azules.

El primer año que vinieron las brigadas azules juntos contaban con la cálida protección policial que prácticamente tuvo que llevarlos al trote hasta El Molinón acosados por un mar de gijoneses que les lanzaban souvenirs de recuerdo en forma de piedras, botellas, vasos, mecheros… joder, la policía se vio superada por el número de gente que acosaba a los carbayones y al acabar el partido tuvieron que pedir más dotaciones y esperar dos horas a que se vaciara las inmediaciones de El Molinón, aunque de vuelta a la Feve había un montón de peña acosándolos y siguieron lloviendo piedras.

Al año siguiente los mongoles azules venían con cascos de obrero y con una gran burbuja policial que se encargaba de despejar el camino a su paso.

Pero el camino a El Molinón es largo y siempre encontrabas algún punto flaco donde apedrearles. A nosotros nos empezaron a controlar ya desde Gijón lo que creaba un enfrentamiento continuo con los antidisturbios que luchaban para poder meternos a oxtias primero en el tren y luego en el campo. Otra cosa que se puso de moda fue el ir de caza a Omierdo. En vez de ir con la puta burbuja policial, te ibas con unos colegas en Alsa a recaudar dinero y bufandas de los jóvenes aficionados azules que se llevaban unas collejas de regalo y un par de oxtias si se ponían chulos o respondones.

Con Hectorón fui una vez en la que después de robar unas bufandas nos las pusimos haciéndonos pasar por chiribís para sacarles el dinero a todos los que nos encontrábamos del Omiedo. Joder, fue la oxtia, los tíos nos daban dinero mientras hablaban mal de los de Gijón, al final nos dieron hasta entradas. Luego dimos las bufandas para quemarlas en el tifo en el futbolín. Muchos Ultra Boys a lo largo de los años han ido a Omierdo de caza incluso sin que hubiera partido por el medio, simplemente de visita al bar de los chiribís donde seguro que no olvidaran a los ultras de Gijón ni el día que decidieron cobijar allí a los cagones esos de los Chiribís.

El día que los Infras no olvidaremos fue el día del cerco. Al acabar un derby nos fuimos a la zona norte del campo para esperar la salida de los cagones azules cuando vimos a un grupo de unos 40 que decidieron salir antes sin esperar a la policía. Pronto se dieron cuenta del error. Debíamos de ser 80 tíos del Sporting los que empezamos a perseguirlos mientras corrían en dirección del parque de los atletas, junto al río Piles. Joder, fue como si todos pensáramos lo mismo al mismo tiempo por que unos cuantos sprintamos para cerrarles el paso y al final quedarían unos 25 cercados con el río a sus espaldas. La oxtia, el cerco empezó a estrecharse y los primeros carbayones tropezaban con el bordillo y ¡caían de espaldas al río! Otros decían aquella famosa frase de “¡¡pero si todos somos asturianos!!” mientras rogaban que no le pegáramos y otros saltaban voluntariamente al río para no ser oxtiados mientras la peña de Gijón seguíamos estrechando el cerco.

Todo duró unos pocos minutos por que de repente aparecieron una legión de antidisturbios que al ver que los estábamos tirando al río empezaron a cargar de forma violenta y a detener a la peña. Nosotros aunque chupamos toletazos nos libramos de ser detenidos y de pasar por el juzgado como les pasó a otros que incluso fueron acusados de intento de homicidio. Al final debieron de bañarse 10 o 12 con la suerte de que el agua les llegaba a la cintura y eso les amortiguó la caída. Hasta conocieron a los muiles!!

Claramente el día de derby es un día grande, sin importar en que categoría estemos.

Al Fondo Sur venían cientos de tíos que se sumaban al grupo chumando y animando como posesos. Los tifos siempre están super currados sin importar que fuera con pirotecnia o con plástico. Los derbys que se juegan en omierdo son días de lucha. Antes del férreo control policial la peña iba con palos, navajas, cadenas, puños y se iba a destrozar todo, a cruzar contenedores volcados en medio de la carretera. La gente salía huyendo a nuestro paso. Joder, incluso en un derby con barra libre en La Estancia vino Raúl del Batallón repartiendo unos tacos de madera con un enorme clavo atravesado y si te lo ponías en la mano con el puño cerrado el clavo sobresalía entre los dedos, el cabronazo se pasó toda la noche haciéndolos y los iba repartiendo todo feliz.

Y es que estos supuestos enemigos son patéticos sin importar el nombre que se pongan.

La única vez que hicieron algo reseñable fue cuando un verano aprovechando que las puertas estaban abiertas por una obra, robaron del cuartín de El Molinón unas pancartas que deben guardar en formol para mostrar a las futuras generaciones de conejos su gran logro en los últimos 15 años. Patético no es apelativo suficiente para describirlos. Los últimos derbis en 2ª División fueron increíbles con casi dos mil tíos viajando juntos en tren, con casi 400 antidisturbios haciendo la burbuja. Era alucinante ver la interminable fila de ultras cantando y saltando. Joder, un puto orgasmatrón, sobre todo para los que hemos ido a todos los derbys y hemos visto crecer las hordas sportinguistas. De que íbamos como mucho 80 o 100 tíos a ver a más de 1500 borrachos por las calles de omierdo…un puto orgasmatrón!!!! Parecíamos un puto ejército de cabrones rojiblancos

11. ULTRA BOYS ON TOUR (EO, EO, EO, VAMOS DE…)

Desde que llegamos a Ultra Boys sólo pudimos viajar tranquilamente tres años ya que en la temporada 88/89 no nos quería alquilar ninguna empresa un autobús y ese año tuvo que mediar nuestro nuevo sponsor -la Sex Shop Internacional- para conseguirnos dos buses para ir a Logroño, y es que los vehículos eran destrozados sistemáticamente.

La peña rajaba los asientos y destrozaba los cubre cabezas que acababan de sombrero, la puerta de atrás era usada para mear, vomitar e incluso cagar aparte de ser usada como gran papelera pública. Cojonex, los conductores se volvían locos cuando de vuelta en Gijón se encontraba el bus machacao, aunque tenían suerte si cobraban algo. Hay que agradecerles a los capos de la época que daban la cara y los datos por todos nosotros, eran otros tiempos y la forma de tratar los autobuses como es lógico ha cambiado y desde hace años los ultras pueden conseguir un vehículo para viajar juntos.

Los viajes eran la reoxtia, la peña iba siempre hipercolocada, las botellas y los porros rulaban por el bus todo el tiempo, aparte de la combinación de otras drogas ya que unos traían speed o farlopa y otros iban provistos de tripis variados por lo que tenías para elegir. En los años de centraminas los viajes eran una puta locura debido a que todo el mundo comía centras aparte del resto de drogas que no podían faltar.

Algunas veces durante el viaje se hacían rifas de camisetas y otros rollos ultras y también rifas de barras de talego de hachís que creaba gran cachondeo ya que siempre le tocaba a algún capo o a alguno de sus colegas y la mayoría ni fumaban, ¡tongo, tongo!

El desplazamiento dependía mucho de si íbamos de amigos o de enemigos con la hinchada rival, aunque el saqueo por el camino era el mismo. Esto se convirtió en una norma en los viajes. Pertenecer a Ultra Boys era como tener licencia para robar y causar altercados, los dueños de bares y paradores de carretera se veían impotentes ante la numerosa gente que no pagaba las copas, pero cualquiera protestaba con el bar lleno de ultras colocados. La peña robaba todo lo que no estuviera atado al suelo, era increíble la cantidad de movidas que aparecían en el bus que según íbamos haciendo viaje se iba convirtiendo en un almacén de objetos incautados. Nosotros aprovechamos la coyuntura para robar botellas de detrás de la barra e intentar saquear los almacenes. Siempre nos hacíamos con un buen botín, hasta llegamos a robar los cuchillos y machetes de un bar.

Durante los viajes Félix solía encalomarnos un buen rato de música mod ante la protesta de toda la peña que a la media hora de puesta la cinta se amotinaba para que Félix cambiase de música. Al final éste se levantaba a quitarla y nos soltaba aquello de “¡¡No entendéis de música, cabrones!” y volvía a sonar La Polla Records o los Clash o cualquier cinta cañera. Cuando empezó a viajar Ramone a parte de cintas heavys traía un gran surtido de películas porno que ponía todo feliz. Joder, al principio tiene gracia si la pones un rato, pero os podéis imaginar a 70 tíos heterosexuales encerrados en un autobús con la tienda de campaña montada en la brageta, “¡¡La oxtia, joder, Ramón, quita la puta película, cojones!!”, y el jodido obseso sexual quitaba la puta película a regañadientes y prometiendo ponerla otra vez al mínimo despiste.

Luego con los años llegaría el Pecholata y su famoso: “¡¡Para pa mear, oh!!” que decía más o menos cada 15 kilómetros lo que daba más ocasiones para el deporte del saqueo que tanto gusta en Ultra Boys, y es que la peña levanta lo que sea.

Nuestro autobús fue atacado por piedras rivales en algunas ocasiones como uno de los años a Santander lo que creaba unas movidas de la oxtia al bajar la peña a por ellos.

En los años 80 se tenía más libertad al viajar, lo que hacía que los altercados se sucediesen todo el viaje, no había el actual control de una policía metomentodo.

Sin importar la época, lo cierto es que desde siempre viajar con los Ultra Boys ha sido toda una experiencia que nadie al que le guste esta historia debe perderse.

DESTINO: BILBAO

El segundo desplazamiento como ultras fue a Bilbao donde había una gran amistad y colaboración con los Herri Norte, sobre todo entre “El Negro” y el capo vasco Oskar Soto.

Los Herri Norte nos habían ayudado ha hacer fotomontajes de calidad y colaboraban con nosotros en otras movidas aparte de tener enemigos comunes. Eran muy buena gente.

Los autobuses paraban al lado del teatro Arriaga donde nos esperaba una comitiva de los vascos que nos llevaría a Barrenkalles, a las 7 calles del casco antiguo, a un gaztetxe donde ellos paraban. Allí los Infras hicimos amistad con un heavy vasco que se llamaba Urko que nos invitó a unas filas de speed blanco que quitaba el sentido. Joder, al final nos regaló un par de gramos para invitar a los de Gijón y nos salvó la vida a más uno borrachísimo y necesitado de un subidón. Nosotros le regalamos un buen trozo de costo.

Ya en San Mamés nos colocamos en el fondo norte junto a los vascos sin que hubiera ningún mal rollo, y eso que ganó el Sporting por varios goles y nosotros estábamos enloquecidos, subidos en la valla, mientras al lado los Herri Norte nos miraban serios.

Al final del partido todo San Mamés aplaudió al Sporting demostrando el señorío de esta gran afición. Cuando íbamos camino del autobús vino “El Negro” con Oskar Soto a vernos para encargarnos un par de Levis 501 que nosotros robábamos por aquella época.

Gracias a sección textil de los supermercados “Los Tulipanes” teníamos la carbonera de “El Infra” llena de pantalones, por lo que prometimos traerle dos de la talla 32/36.

El siguiente año sería el último que hicimos a Bilbao como amigos de los Herri Norte. El viaje estaba en parte sponsorizado por la Sex Shop bajo el lema ”Por la no violencia”, que nosotros secundamos más que nada por la jala y la priva que aforaba el sponsor.

Oskar Soto flipó cuando nos vio llegar con los pantalones en una bolsa, después de que los inspeccionase junto a otros colegas nos confesó que no esperaba que los trajéramos por lo que sólo tenia mil duros para pagarnos uno y quedó con “El Negro” para mandarle el resto del dinero por correo. Joder, el dinero nunca apareció y “El Negro” jura que Oskar no lo mandó. ¡¡Negro, cabrón, dónde están los mil duros!!

En este viaje estábamos en plena era de centraminas por lo que fuimos a ver a Urko para intercambiar anfetas, y joder, esta vez flipó el vasco ya que según nos contó las centras Euskadi habían desaparecido desde los años 70 y eran super apreciadas. La verdad es que a nosotros nos sobraban por lo que le dimos la de diox por unos gramos de speed amarillo, y se merecía más por el enrolle del año pasado, y es que los vascos en su tierra eran grandes anfitriones invitándonos a chumar, a esnifar y lo que hiciera falta pues!!

El Sporting volvió a ganar con un gran gol de Xuacu sin que hubiese el más mínimo incidente entre los dos grupos ultras y eso que estábamos en su mismo fondo norte.

Los Herri Norte en su casa siempre se portaron de la oxtia y eso que Euskadi está super politizada y en los años 80 estábamos en los “años del plomo” donde casi todos los días había un atentado mortal y se respiraba en Bilbao un aire de revuelta continua.

En la segunda vuelta de esa temporada cuando vinieron los vascos a Gijón, unos cuantos politizados hasta la médula que no veían con buenos ojos la amistad entre los dos grupos ultras fueron a romperles las lunas del autobús rompiendo no sólo los cristales sino también los lazos que unían a dos grupos donde la política no tenía cabida. Entre los vascos había también muchos miembros muy politizados por lo que la guerra estaba servida. No hubo forma de arreglar las relaciones entre los dos grupos ya divididos.

Los Herri Norte se han convertido con los años en uno de nuestros enemigos más potentes y las futuras movidas con ellos son seguras, además nos trajo de rebote la enemistad con Celtarras, vallecanos y otros grupos ultras de izquierdas.

¡¡Puta política!!! Aunque si quieren guerra ya saben donde estamos.

VALLADOLID

Nuestro primer desplazamiento fue a pucela y fue el viaje más potente que hicimos nunca. Ibamos a saco ya que Valladolid era una plaza enemiga y los ultra violetas se habían declarado amigos de los chiribís y contrarios a los Ultra Boys.

Desde la primera parada el saqueo fue absoluto, sobre todo en un pueblo cerca de León donde después de arrasar con el licor, el “Austra” marchaba con el teléfono público y nosotros con los cuchillos de la cocina, aparte de una estantería llena de vídeos que cogió “El Peque”. Cuando llegamos a la ciudad llovía a cantaros y la peña iba super borracha, sobre todo el “Madriles” que quedó inconsciente con un coma etílico y la peña le llevaba a hombros de bar en bar y lo dejábamos encima de una mesa mientras nos chumábamos unas birras. En todos los bares nos pedían que llamáramos a una ambulancia ya que “El Madriles” no tenía muy buena pinta hasta que una vieja llamó a la Cruz roja que al llegar y verlo querían llevárselo a urgencias ante nuestra negativa, ya que alegábamos que sólo estaba durmiendo. Al final nos convencieron y nos apuntaron el nombre del hospital para irlo a buscar al final del partido. En una zona ajardinada, Olay, el “Liverpool” y el “Infra” arrancaban unos árboles por lo que eran detenidos, cuando los metieron en el coche, ”El Infra” entraba por una puerta y salía por la otra sin que la pasma se diera cuenta. ¡Joder!, los tíos fliparon cuando vieron que faltaba un detenido y lo buscaban enfadados mientras “El Infra” se escondía agachado detrás de los coches aparcados e iba cambiando de coche para que los maderos no le descubrieran. Al final se tuvieron que ir para comisaría sin él, visiblemente mosqueados.

Desde que llegamos al viejo Zorrilla no paró de haber enfrentamientos con viejos pucelanos, incluso al entrar fuimos al fondo de los ultra violetas que escaparon al vernos.

Durante todo el partido siguieron las movidas con los viejos y uno le rompió el paraguas en la cabeza a “Nacho” con la consiguiente tangana. La policía harta de aguantarnos nos echó del estadio a falta de 15 minutos para acabar el partido. Cuando consiguieron meternos a todos en el bus faltaban unos 13 tíos que no aparecían. Sabíamos que había algunos detenidos pero ¿el resto? Cuando arrancó el autobús Manolinguer y otros prendían bengalas dentro del bus con la consiguiente movida con la policía. Joder, cuando por fin nos vieron marchar debían de pensar que se habían librado de nosotros pero convencimos al conductor para antes de tirar para Gijón ir a buscar al hospital al “Madriles”. Cuando llegamos nos mandaron a los Infras ir a indagar dónde estaba nuestro borracho amigo. Joder, aquella vieja enfermera nos preguntaba el nombre del paciente a lo que nosotros contestábamos: “El Madriles”, y venga discutir con la vieja hasta que artos prendimos un par de bengalas dentro del hospital y volvió la policía que alucinó al vernos y nos escoltó hasta Gijón para que no hubiera más líos.

En el segundo viaje a pucela se echaba de menos al “Austra” y al “Peque”, aunque fue otro viaje muy divertido. La primera parada fue en un parador mitad restaurante mitad supermercado. Joder, el dueño no olvidaría ni a “El Infra” ni a Mazorra entre los saqueadores de su establecimiento y rezaba para que nos largáramos. En la última parada antes de Valladolid alguien robaba y rompía una máquina de pistachos que aparecía tirada al lado del bus. Llamaron a la guardia civil que nos tuvo retenidos casi tres horas, creo que fue “Dartacán” el mediador de los ultras. Al principio los picolos llegaban con actitud chulesca, y entraron al bus comandados por un viejo picoleto que debía de estar acostumbrado a que en los viejos tiempos sólo con decir su rango y su nombre la gente se cagara encima, pero debido al cachondeo reinante su inicial chulería se acabó convirtiendo en ruegos para que hiciéramos una colecta con que pagar parte de la pistachera rota, incluso no le extrañó que la mayor parte del dinero recaudado fuera en monedas de 25 y 100 pesetas como el que había desaparecido de dentro de la máquina.

Al final llegamos por los pelos al partido con un frío que ni el tifo nos quitó. Cuando acabó el partido salíamos camino del bus cuando a lo lejos vimos a un grupo de tíos que nos insultaba y amenazaba, incluso había uno con un palo golpeándose la mano en plan naranja mecánica, eran los ultra violetas. Debían de ser unos cuarenta tíos. No sé quién gritó “¡a por ellos!” pero todos salimos corriendo al sprint, ellos al vernos empezaron a huir desesperados. Cojonex, cuando los alcanzamos nos dimos cuenta que no eran más que críos, íbamos corriendo entre ellos poniéndoles zancadillas y dándoles empujones para que cayeran al suelo mientras buscábamos a uno a quien dar una buena oxtia sin ser acusados de infanticidio. Ni siquiera los Infras que éramos unos guajes de 15 años encontramos a nadie a quien oxtiar a gusto, sólo se llevó alguna caricia aquel osado del palo cuya valentía inicial se había convertido en lloros y rogamientos. Lo más destacable es que los ultra caguetas al menos aparecieron aunque fuese para correr en desbandada, cosa que sus amigos de omierdo no se han atrevido a hacer jamás, ni de lejos. Ni siquiera en su propia aldea-capital aparecen.

Al final aparte de alguna colleja y algunas bufandas sólo conseguimos entrar en calor un rato y el darnos cuenta por qué son tan amigos de los putos carbayones: a los dos grupos les gusta correr como a conejos, aunque por lo menos estos aparecen para correr. El último viaje que hicimos a pucela volvíamos a parar en el mismo parador de carretera del año anterior donde el dueño esperaba a “El Infra” y a Mazorra para regalarles dos botellas de whisky caro con la condición de que no pisaran el supermercado, mientras tanto el resto de ultras saqueábamos el super ante la huidiza mirada de una empleada que no sabía dónde meterse ante la avalancha de robos. El dueño del parador tuvo respuesta a sus oraciones al año siguiente en que a los ultras nos era ya imposible viajar debido a que ninguna empresa de transporte nos quería llevar y es que los saqueos en ese parador eran desorbitados, aparte de la enorme cuenta sin pagar que dejábamos en el restaurante.

En Valladolid los ultra violetas ni siquiera aparecieron y como siempre hacía un frío del copón. Lo mejor del viaje fue la victoria del Sporting que nos dio un gran subidón.

En pucela ha habido mil movidas a lo largo de los años y allí la gente nos odia.

Los Ultra Violetas son unos cagones aunque con los años han ido creciendo en grupo y esperamos tener futuras movidas con ellos.


DONOSTIA Y LAS OXTIAS

El último viaje que hicimos los Infras juntos fue a San Sebastián. Ninguna compañía alquilaba autobuses a los ultras por lo que fuimos con la Sección Vino empotrados en el viaje de la peña Abelardo, mientras “Infra” viajaba en coche con la ”esponja Mariano”.

Viajamos con los padres y la hermana del “Pitu” Abelardo que no paraban de mirar hacia nosotros debido al extraño olor que llegaba de la parte de atrás. El hacer el desplazamiento con esta peña nos vino de puta madre a la hora del saqueo y es que nadie sospechaba de nosotros al viajar con un grupo de puretas. Cuando llegamos nos colamos en el hotel del Sporting y fuimos a las habitaciones de los jugadores para ver si les sacábamos alguna entrada. Los jugadores al vernos todos borrachos nos pedían que por favor nos fuéramos que no tenían entradas. Al final nos echaron los de seguridad que estuvieron un buen rato persiguiéndonos por las distintas plantas del hotel.

Era el último año que se jugaba en el estadio de Atocha lo que hizo que fueran muchos sportinguistas a despedir al viejo campo. Chumamos por la ciudad y por la parte vieja sin el menor incidente. Sólo tuvimos alguna discusión en la zona del paseo de la Concha. Flipamos con lo reducido que era el estadio y sobre todo con los baños, que eran de estos que tienen un agujero, y que debido a los años junto a la erosión de orín, podías caerte dentro si resbalabas, algo que casi estuvo a punto de demostrar “El Infra” mientras esnifábamos unas rayas de speed que había traído un ultra llamado Barral con familia en Donostia y que conocía dónde pillar en la ciudad un speed blanco de romper.

Las dimensiones del campo hacían que la Real Sociedad acosase a sus rivales todo el partido encerrándoles en su campo a base de presión y balones constantes a la olla.

El encuentro acabo 0-0 con un “Gatu” sobresaliente aunque merecieron ganar ellos ampliamente. Cuando íbamos camino de los buses, a la salida de un pasadizo, los de la peña Múgica nos apedrearon de forma cobarde aprovechando que estaban en una posición más alta y que al ser de noche no podíamos verlos.

Joder, la primera piedra me golpeó de refilón la frente dejándome una marca perpetua, pero la siguiente me dio de lleno en la mandíbula tirándome al suelo.

Si me llega a dar en la sien me dejan en el sitio, era más grande que un ladrillo, ¡cojonex! Fue determinante Barral que me ayudó a levantarme mientras lanzaba piedras al infinito porque no los podíamos ver. Joder, parecía que llovían ladrillos y tuvimos que abrirnos por pies de allí. El colocón de speed que llevaba hacía que no me diera cuenta que tenía la cara super hinchada. Los de la peña Abelardo al verme llegar alucinaron y querían llevarme a un hospital a lo que yo muy colocado me negué.

Estuvieron todo el viaje dándome botellas de vino para el dolor y venían de vez en cuando a la parte de atrás a interesarse por mi estado. Joder, incluso cuando llegamos a Gijón me dieron 2000 pts para pagar un taxi a Cabueñes que utilicé para ir a pillar ya que el speed se había acabado y la cara me dolía la de diox. Se me había hinchado como un globo, joder, parecía un monstruo de película con dos caras.

Aquel día los de la peña Múgica demostraron ser unos mierdas al actuar de forma tan cobarde en su propia ciudad. Jamás habíamos tenido ningún incidente con ellos.

Desde la ruptura de relaciones con los Herri Norte, todos los campos de Euskadi que hemos visitado se han convertido en hostiles y las movidas se cuentan por decenas sin importar que sea Pamplona, Eibar, Vitoria... etc

13. QUEREMOS CAMBIAR OVIEDO POR LOGROÑO

El año que subió el C.D. Logroñés todo el Sportinguismo se preparó para la invasión de Logroño. Fue una de las primeras grandes invasiones que han protagonizado la afición gijonesa. Hubo un gran hermanamiento entre peñas que todavía dura hoy con fiestas tanto en Logroño como en Gijón. Los Ultra Boys pudimos ir juntos gracias al sponsor, la Sex Shop Internacional, que nos consiguió dos autobuses, además de llenar los maleteros con cajas de sidra que los ultras escanciaríamos para invitar a la gente en la Ruta de los vinos de Logroño. Hubo mucha peña que tuvo que viajar con distintas peñas al no haber sitio en los dos buses y naturalmente muchos fueron en coche o pateras.

El viaje se hizo de sábado para pasar la noche allí e ir de doblete al partido.

Mucha gente del Sporting tiraron de hotel mientras los ultras tirábamos de nariz y speed.

Estábamos en año de centraminas lo que hizo que la peña fuera super pasada. A pesar de los enormes colocones no hubo el menor incidente en toda la noche. La gente de Logroño era muy enrollada y te invitaban a cacharros. A las seis de la mañana tomamos una discoteca donde colgamos las pancartas, con la de “Alcohol” en primera fila. Todo el centro de Logroño estaba lleno de gijoneses colocados, durmiendo tirados encima de los coches y en los portales. Por la mañana llenamos las cafeterías, unos para desayunar, otros para empezar a esnifar speed que nos levantase del bajón mañanero de las centraminas.

Habíamos quedado con los autobuses a las 12:00 para ir a la ruta de los vinos, a la famosa calle Laurel, a repartir la sidra. Pero a esa hora, con toda la peña de doblete durmiendo, sólo algún capo, los Infras y algún otro ultra más hasta el culo de speed naranja tuvimos moral para escanciarla, naturalmente después de meternos tres o cuatro rayas seguidas para aguantar. Habían llenado los dos maleteros de los buses con cajas de sidra y joder, eran la de diox de cajas por lo que echábamos culinos de más de medio vaso. La oxtia, era un espectáculo ver a los puretas de Logroño bebiendo aquellos enormes culinos del tirón. Mucha gente de Logroño acabó con enormes pedos sidreros. “¡Hay que beberlo de un trago que si no se posa!” decíamos a la gente, que para no quedar mal apuraban el vaso hasta el final. La oxtia, con dos culinos salían haciendo eses. “¡Venga señora, tómese otro, no nos va a hacer ese feo!” y la pobre señora se bebía otro culín de campeonato. Joder, fue un momento surrealista ver a una fila de ultras anfetamínicos repartiendo sidra a voces, con la ropa empapada y la cara desencajada.

Sudamos la gota para escanciar toda la sidra y necesitamos unos cuantos escaqueos al bus para esnifar unas vitaminas que nos ayudasen a seguir repartiendo la sidra.

Aquel día como hubo un gran hermanamiento entre peñas y al vernos regalando sidra vino una peña riojana a invitarnos a una espicha que estaban haciendo. Los tíos fliparon con nuestra falta total de apetito, eso que estaban cocinando corderos en fuego de leña, aparte de otras exquisiteces culinarias y en cambio nuestro interés por las cubas de vino. Eran unas cubas de más de un metro de altura llenas de un vino muy fuerte. Joder, los de Logroño flipaban oyéndonos hablar como locomotoras debido a la anfeta, y las extrañas conversaciones que manteníamos y sobre todo no entendían nuestro odio al omierdo. Aunque el Sporting perdió fue uno de los mejores viajes que hicimos nunca y difícil de olvidar la fiesta que se montó en el estadio riojano.

“¡¡Queremos cambiar omierdo por Logroño, ya!!”

14. OTROS VIAJES

El último viaje que hice con otro miembro de la Sección Infras fue a Santander con Hectorón, estando ya los dos enganchados. Teníamos algo de pasta y hacía tiempo que no íbamos a ningún desplazamiento por lo decidimos hacer un viaje de saqueo o esa era la idea en un principio. El viaje era atractivo por que allí los Ultra Boys no somos bien venidos y siempre hay multitud de movidas con viejos aficionados locales porque los supuestos ultras locales, las Juventudes Verdiblancas, nunca aparecen a pararnos los pies aunque es de sobra sabido que nos odian. Durante el viaje fuimos robando botellas por los pueblos camino de Santander y cuando llegamos estábamos muy borrachos por lo que en el recorrido hasta el Sardinero causamos altercados y algunos destrozos, pero vamos, lo normal en estos viajes. La peña estaba muy borracha e incontrolada. Cuando pasábamos por delante de un bar asturiano, Michi se lanzó a arrancar una enorme bandera de Asturias que decoraba la fachada, marchando con la bandera, el mástil y parte de la fachada, aparte de romper el cristal del bar. Esto hizo que aparecieran los antidisturbios y empezaran las primeras carreras y encontronazos. Joder, fue todo rapidísimo, en cuestión de segundos estaba jodido. Alguien me colgó una bandera que yo con mi tremenda borrachera no me di cuenta que era la robada, por lo que cuando un grupo de antidisturbios se me empezó a acercar a lo roncha, me fui hacia ellos increpándoles por provocadores, lo que aprovecharon para quitarme la bandera y la borrachera a golpe de tolete, esposarme y meterme en el coche. Al rato traían a otro joven ultra de Gijón que al registrarle le encontraron una carta de vinos del bar siniestrado. Era Lauri, que hacía su primer viaje con los Ultra Boys y acababa detenido y esposado a mí en un coche celular. Joder, por coger del suelo una puta carta de vinos!!! Cuando se vio dentro del coche patrulla esposado al mismo tío que había visto durante todo el viaje robando y de destrozo, el pobre Lauri, gritaba y maldecía pensando que iban a meterle hasta la muerte del Manolete por mi culpa. Pero a veces la justicia es ciega o esta demasiado ciega y como nosotros no habíamos causado ningún destrozo en aquel bar en concreto, el dueño no nos identificó por lo que aunque nos metían a nosotros el marrón de todo lo roto en el establecimiento, pudimos salir de comisaría a la espera de juicio con tiempo de sobra para ir al partido y seguir chumando de camino al estadio.

Tuvimos que volver a Santander al juicio que acabó en una sanción del comité antiviolencia y una multa que le rucaron a Lauri del sueldo al ser yo insolvente.

Cuando llegamos al campo me encontré con un colega surfero de Gijón que nos regaló dos entradas de niño por lo que fuimos a vender las de adulto que estaban agotadas.

Lo más gracioso de este viaje fue que Héctor y yo para poder entrar al campo con entradas de niño nos hicimos pasar por retrasados mentales, con el carné del Insalud en una mano y la entrada de niño en la otra. Nos hacíamos los gangosos y mientras yo mantenía un brazo doblado, Héctor arrastraba una pierna de forma cómica. Joder, los porteros se miraban alucinados sin saber qué hacer mientras le explicábamos en plan gangoso que éramos de un sanatorio y que en todos los campos de España nos dejaban pasar con las entradas más baratas por lo que al final nos dejaron pasar e incluso apartaron el torno para que Héctor entrara arrastrando su pierna. Luego cuando ya empezado el partido nos veían bajar al bar tan tranquilos los tíos se morían de la rabia y nos señalaban mientras hablaban con la policía.

El partido acabó en empate en un año muy necesitado de puntos y la marea gijonesa lo celebró como una victoria. En el viaje de vuelta aunque ya teníamos un buen botín seguimos con el saqueo más por vicio que por otra cosa.

Antes de ir Santander habíamos ido a Badajoz en un viaje-oferta que hicieron los ultras en una eliminatoria de la copa en que el equipo extremeño había empatado 1-1 en El Molinón. Se apuntó mogollón de gente para un viaje de doce horas a Extremadura por lo que se botaron dos buses de ultras y fue un viaje muy movido.

Al ser un viaje tan largo nos dio a conocer nuevos sitios de saqueo por la amplia geografía española lo que hizo que la policía que seguía nuestras tropelías camino de Extremadura no nos quisieran dejar entrar en Badajoz hasta la hora del partido. Joder, naturalmente se armó una buena cuando intentaron retenernos en las afueras.

Debido a la falta de dotaciones policiales que nos controlara nos hicieron parar en un restaurante a 2 kilómetros de la ciudad y hubo muchos que intentamos llegar andando pero la policía lo impidió con la consiguiente trifulca. Al final les convencimos y nos dejaron entrar en Badajoz a falta de una hora para empezar el partido aunque super controlados por la policía que no sabía muy bien qué hacer ante el saqueo general, sobre todo de vino caro e incluso de algún jamón cojonudo.

Los ultras extremeños se llamaban los Evil Boys y lo formaban un grupo de unos 40 críos que flipaban viendo a un equipo y a un grupo ultra de Primera División.

Los ánimos estaban encrespados y cuando nos íbamos nos metieron al bus por la parte de atrás del campo. Al acabar el partido con amplio triunfo sportinguista y debido a los cánticos despectivos que les dedicamos durante el partido, unos cuantos aldeanos locales intentaron apedrearnos llegando a rompernos una de las lunas. Joder, bajamos todos en avalancha a por ellos y la policía que apenas tenía efectivos, y menos antidisturbios, tuvo que sudar para conseguir meternos a todos en el bus de nuevo.

En este viaje también iban la Sección Femenina en uno de sus primeros desplazamientos.

No se cómo se enteró el obseso de Ramone pero el cabrón trajo al viaje algunas de sus películas porno más guarras, como una sobre pollas gigantes. Joder, tenías que ver las caras de la Sección Femenina cuando se empiezan a oír gemidos y aparece en la tele un pedazo negro con una tranca como la de un caballo. La oxtia, no sabían dónde meterse!

Jodido Ramone!!!


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