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Los cambios dieron un impulso al Sporting en el tramo final
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Los cambios dieron un impulso al Sporting en el tramo final NOTICIA
VolverLunes, 9 de noviembre
El descanso sirvió para que Preciado repasara con sus muchachos unos cuantos conceptos. En el segundo tiempo compareció un Sporting igual de torpe con el balón, pero mejor situado en el campo y aplicando correctamente la presión sobre los creadores del juego blanquiazul. De la Peña, que se había dejado notar en los seis minutos finales de la primera parte, fue incapaz de desequilibrar el sistema defensivo rojiblanco. Aunque siguió jugando demasiado atrás, con una racanería sorprendente por lo que fue este equipo, el Sporting cerró todos los caminos que antes parecían autopistas para el Espanyol.
Todos se aplicaron en la tarea de conservar el golito y Juan Pablo fue el gran beneficiado. Después de tanto agobio, en los 48 minutos que duró la segunda parte apenas tuvo que detener algún tirito manso y centrado, o descolgar los balones colgados por un Espanyol cada vez más atascado. La defensa sportinguista estuvo notable, tanto por los lados como en el centro. Conocida la solvencia de Botía y Gregory, ayer destacó el desempeño de los laterales. Por la derecha, Lora fue de menos a más y se benefició de la lesión de Marqués. En la otra banda, Canella fue un defensa de cuerpo entero, sin tacha.
Además de cerrar su carril, Lora tuvo arrestos para dar un respiro al equipo. Suyo fue el «slalom» que provocó superioridad en el área espanyolista. Cerró su jugada con un pase a Bilic, que dejó el balón para la llegada de De las Cuevas. Diego Castro le dobló por la izquierda, solo, pero el alicantino se empeñó en disparar y su remate rebotó en un defensa. Después de tanto tiempo con la pólvora mojada, ahora De las Cuevas sólo tiene ojos para el gol, sin darse cuenta de que la de ayer no era su tarde. No lo fue antes ni después de esa jugada que pudo sentenciar el partido.
Tras esa escaramuza, el Sporting volvió a lo suyo, a aguantar y dejar pasar el tiempo. Lo hizo sin sufrir ni un rasguño, con la sensación de que lo tenía todo controlado. Después, con los cambios, Preciado le dio un nuevo impulso que animó el final del partido. Diego Camacho aportó más que Matabuena, mientras que Carmelo y Kike Mateo supieron llevar los contragolpes. Kameni se libró por poco del segundo, que pudo ser de traca si llega a entrar el remate enroscado de Diego Castro después de dejar en evidencia a Pillud con un «caño» de los suyos.
Los minutos de descuento se vivieron con menos tensión que otras veces porque el Espanyol no encontró ningún resquicio. Es lo bueno de equipos como este Sporting, empeñado en convencer a todos de que la eficacia también es guapa.
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