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Juan Pablo retrasó el triunfo pucelano
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Juan Pablo retrasó el triunfo pucelano NOTICIA
VolverAgotada la capacidad de sorpresa de su dúo dinámico, el Sporting se quedó mudo. El Valladolid, con las líneas muy juntas y mayor convicción, empezó a controlar el partido. Tímidamente hasta el descanso y con firmeza durante todo el segundo tiempo. Juan Pablo, apenas exigido en los primeros 45 minutos, adquirió el protagonismo habitual cuando sus compañeros se hicieron humo. El centro del campo pasó a ser una parcela para uso y disfrute de Pelé, un futbolista que llama la atención por algo más que su nombre de guerra.
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Con Rivera y Lola fundidos o en franca retirada, Pelé dirigió las operaciones como un mariscal. Como Nauzet y Baraja no lo ayudaban mucho, Clemente tomó cartas en el asunto. Puso a jugar a Keko, un chaval de la cantera que tardó dos minutos en hacerse notar. Ganó la espalda a la defensa sportinguista y, ya en el área, aguantó la embestida de Lola. Sólo la serenidad de Juan Pablo evitó que el marcador reflejase la superioridad pucelana.
Keko aún tuvo otra oportunidad clara, que desperdició con un tiro al lateral de la red, antes de dejar su sello de futbolista grande. Controló como el mejor Zidane un balón que volaba a media altura y, sin dar opción a su marcador, largó un centro que hubiese firmado el mismísimo Beckham. A favor de obra, Manucho sólo tuvo que acomodar su corpachón y mandar un cabezazo a un lugar imposible para Juan Pablo.
A esas alturas, Preciado ya había utilizado el comodín Kike Mateo, por lo que no se adivinaba ningún revulsivo en el banquillo para dar un giro al partido. Desde luego, costaba imaginar que Maldonado pudiera ejercer ese papel. Tardó tres minutos en confirmarlo. El gaditano contestó con una patada sin balón a una entrada de Del Horno, lo que dejaba a los dos equipos con diez y la sensación de que el Sporting empezaba a desquiciarse.
Clemente tiró de manual y sustituyó a Keko por otro central, Luis Prieto, para restablecer la línea de cinco. El Sporting sí empujó un poco más, en la misma medida que el Valladolid guardaba la viña. Pero, salvo algún barullo tras los esperados balones a la olla, no hubo opción para el empate. Jacobo vio un poco más cerca las camisetas rojiblancas, pero siguió sin ganarse el sueldo. En el último suspiro, con el Sporting descompuesto, hasta Juan Pablo facilitó el 0-2.
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