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Falando n'asturianu
Nuevo tema Respuesta
Falando n'asturianu (#81077) el 24-11-2009 a las 23:47:16
Re: Falando n'asturianu (#81078) el 24-11-2009 a las 23:51:18
El meyor equipu d'Asturies y la meyor afición del mundu: Sporting de Xixón.
Re: Falando n'asturianu (#81158) el 25-11-2009 a las 17:22:50
Re: Falando n'asturianu (#81162) el 25-11-2009 a las 17:40:44
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PUXA ASTURIES DIXEBRÁ DARRÉU!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NUN HAI MÁS QUE DICIR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Fritz
Desconectado
196 PostsRe: Falando n'asturianu (#81224) el 25-11-2009 a las 22:55:22
Pasaste al mio llau de la Mano d'otru
ente tola xente col to traxe verde.
yera yo mui mozu, quicias impulsivu,
el casu ye qu'el coral diome un gran baltíu.
Un dia tres d'otru, naguando por vete,
pasaba pel sitiu onde tabes siempre...
..botellina sidre , el mi amor ye pa ti!
Re: Falando n'asturianu (#82892) el 04-12-2009 a las 22:55:34
POR GRANDE QUE SEYA, UN PAIS YE
SIEMPRE MAS PEQUEÑU QUE'L MUNDU.
PERO POR PEQUEÑU QUE SEYA
ENXAMAS DEXA DE SER UN PAIS...

Re: Falando n'asturianu (#82894) el 04-12-2009 a las 22:59:22
PIENSA, FALA, LLEI, ....Y ESCRIBI N'ASTURIANU
OFICIALIDA
AGORA........

Re: Falando n'asturianu (#82895) el 04-12-2009 a las 23:10:12

dichosu aquél que nun oye
más música que la gaita,
nin lu ximielga otru son
qu'el xiringüelu o la danza,
nin tien más fe que la fe
de los sos pas heredada,
nin calez con otru sol
qu'el sol de so Patria.

Re: Falando n'asturianu (#85711) el 16-12-2009 a las 18:47:08
Datos del autor Fulgencio Argüelles Publicado en La Nueva España Jueves, 2 de octubre de 1997
En aquellos años de los mandilones azules y la leche en polvo el tiempo se alargaba hasta dormírsenos encima, y las canciones de la radio se ensanchaban y se incrustaban por toda la casa para ser el preludio de la eternidad.
En aquel tiempo en que nadie envejecía había una lengua que estaba prohibida.
Era la mía, aquélla con la que me habían enseñado a hablar. (Escribía Gayo Suetonio Tranquilo, en sus Vidas: In civitate libera lingua et mens liberae esse debent: En una tierra libre, lengua y mente deben ser libres.)
En mi pueblo no había libertad.
El maestro, que era gallego y tenía cara de pan recién hecho, nos daba en las uñas con la vara de saúco cuando se nos escapaban expresiones como: Ta lliento asgaya, toi anoxáu, faime rebulguinos, duelme un deu, aterecióse, atapez, ñeva quel pinga?l mocu, méxase pela nueche, manquéme nel calcañu, ye llistu comu la fame, fála-y a la oreya y nun retruca, to rixu de dir vela, nun entamo, escaézseme o nun hai llibertá.
El gritaba, señalando a la foto de un gordito con bigote que era más que general (algo así como un militar superlativo), que el único idioma admisible en aquella escuela (xelada de cutiu) y en todas las demás escuelas posibles era el idioma del imperio (...que siempre la lengua fue compañera del imperio, dice Nebrija en su Gramática castellana), y al pronunciar don Manuel esta última palabra se le inflaban tanto los carrillos (papiellos, decíamos nosotros en nuestra lengua maltrecha) y la cara entera se le ponía tan roja que talmente parecía el fuelle de una gaita.
Después de ejecutar los castigos, los cuales, dado el apego que aún teníamos a nuestras palabras, eran tenaces y perseverantes, después de azotarnos las uñas con la vara de saúco (también las usaba de avellano), tocaba con ella el mapa y decía, con la voz transformada (atiplada y lenta como un susurro de consagración), que España, lo que se dice España, no había más que una.
Yo no alcanzaba a entender qué tenía que ver aquello con el hecho de que nosotros a los nidos les llamáramos niales, a la babosa llimiagu y xabú al árbol del cual cortaba las varas el maestro. Tampoco entendía aquella proclamación imperativa y casi sagrada de unidad para un mapa que estaba decorado con tantos colores diversos.
Yo, en la clase, apenas hablaba, y prefería pasar por tonto (panguatu, decían en mi casa) y no responder a las preguntas del maestro antes que sufrir la flagelación de las yemas de los dedos. Pero una vez don Manuel me preguntó: «A ver, tú, mosquita muerta, ¿dónde queda este pueblo?» «Onde'l diañu punxo la pata», le dije yo. Las uñas me estuvieron doliendo una semana. Pero peor fue lo de aquel compañero a quien el maestro interrogó sobre cuál era la profesión más digna, y la respuesta fue: «Trabayar nel alambre». Aquel día, en clase hubo truenos y relámpagos (restallos y esclarones, que decía mi abuela).
Fui creciendo y aprendiendo nuevas palabras de aquel idioma que nos imponían los maestros, y también fui olvidando muchas palabras de las que consideraba mías porque con ellas había aprendido a relacionarme por primera vez con todo lo que me rodeaba y con ellas había expresado mis primeros sentimientos. Me dolía perderlas (algunas ya nunca las he recuperado), pero era un asunto de supervivencia.
Mi padre me decía (en asturiano, claro) que la diversidad de las lenguas no está en los diferentes sonidos o signos, sino en una forma distinta de comprender el mundo.
Yo ya iba entendiendo un poco la maniobra política del supuesto imperio. «Esta desigua nun pue allargase muncho», me decía mi padre, quien, además de ser optimista preceptivo, era un hombre instruido que sabía, entre otras muchas cosas, arameo y latín (lo digo para que alguno no se confunda, vamos, que nun trafulque los sos camientos).
Un día, los Reyes Magos me trajeron un diccionario de castellano, una escopeta de corcho y bramante, y un par de naranjas. «Pa que persepas falar comu ellos si algames la Universidá, y escopeties a tiru fiju coles sos propies pallabres, y te dexe, sin embargu, too esto bon tastu na boca». Siempre que como naranjas me acuerdo de mi padre.
El año que entré en el intemado, en las vacaciones de Pascua, encontré al maestro en el bar de la bolera. Estaba borracho y hablaba en gallego. «Cuandu ta chispa fala na so llingua», me dijo alguien. Yo no me emborrachaba, pero soñaba (que pal casu ye lo mesmo), y lo hacía en asturiano.
Pero con el tiempo hasta los sueños aprendieron el castellano. En el intemado había profesores que restaban puntos a quienes, en los exámenes, se les escapaba alguna palabra asturiana. Otros no. Otros incluso dejaban escapar de vez en cuando alguna expresión en la lengua de mi infancia. Y entonces yo pensaba que había profesores que creían en eso de la unidad de España como argumento para correr hacia no sé qué destino en lo universal (como enrollar el mapa de don Manuel en la bandera del Ayuntamiento y viajar con él a la luna), y que había otros (mucho más entrañables) que hablaban como se soñaba.
Llegaron los años de Universidad en Madrid y ya fui entendiendo yo aquel asunto de las lenguas. El profesor de Lengua, en primero de Psicología, habló un día con mofa o ludibrio de los dialectos de España (deformaciones rústicas del lenguaje, decía él). Los asturianos respondimos con ímpetu y eficacia a sus argumentos. Tanto, que nos lanzó un desafío: «Si me construís una gramática de esa lengua vuestra, tenéis un notable sin examen final».
Se reía, pero trabajamos duro, y en el mes de junio tuvo encima de su mesa una gramática completa del asturiano. Con mucho estupor y algo de fascinación cumplió su promesa. «Quedó-y la tablica más retorcía que?l rau d?un gochu», dijo alguien.
Ahora yo escribo en castellano, que es una lengua noble ?exenta de culpas?, y lloro por aquella lengua maravillosa (sonora y atrevida como los rabiones de los ríos de la tierra que la parió), lengua que sigo estudiando y en la que también escribo porque es mía y porque me siento culpable con respecto a ella. «Cuando un pueblo es hecho esclavo, mientras conserve su lengua, es como si tuviera la llave de su prisión», escribe Daudet en La dernier classe (Contes du lundi). Ejemplos tenemos muy actuales.
Se me ocurrió este escrito por varios acontecimientos recientes. Por un lado, unos políticos (casi todos de aquellas familias que creían en la extraña consigna del destino en lo universal y despreciaban la lengua de la tierra por ser asunto de pobres y aldeanos ignorantes) han salido a la palestra (sitio donde se controvierte sobre cualquier asunto) proclamando la no existencia del asturiano como lengua.
Y entonces a mí me dio mucha lástima y me acordé de la vara de saúco de don Manuel. «Hay muchos que siempre tienen en la boca el no, con que todo lo desazonan; el no es siempre el primero en ellos, y, aunque después todo lo vienen a conceder, no se les estima, porque precedió aquella primera desazón», apunta Gracián, en Oráculo manual y arte de prudencia.
Otro hecho reciente fue la noticia ésa de unos muchachos (probes guajes) castigados a llevar piedras en las mochilas por no hablar vasco (que es un asunto como aquél del maestro, pero a la inversa). Y del mismo modo me apesadumbró (mancóme enforma), por idénticos fundamentos, el abucheo, en un acontecimiento público, a un artista catalán, de los que siempre defendieron la libertad, por cantar en la lengua de su tierra.
¿Será verdad aquello que escribía Morales en Ardor con ardor se paga de que España es una suma de intolerancias? A causa de la intransigencia yo ahora debo esforzarme en aprender mi propia lengua. Confieso que, al hacerlo, siento como que vuelvo a nacer. Puede que algún día los personajes de mis sueños se vuelvan a expresar en asturiano.
Pero será despacio (adulces, pasín a pasu...), y, mientras, que cada uno se entienda consigo mismo como mejor le parezca, y que cada uno descubra en esa palestra (reparada y apuntalada tantas veces) al político que más disimuladamente le mienta, o a su maestro perdido de la infancia, o a su filólogo más incauto y confidencial. Cometimos un error muy grave: el de hablar a medias para que todos nos pudieran entender, y ahora vienen diciendo que no sabemos hablar. ¡Ye comu pa mexar y nun char gota!
Re: Falando n'asturianu (#85721) el 16-12-2009 a las 20:47:05
Trainos, por Dios, cuando vengas
A aportar a estos llugares,
Engüeltos en tos dobleces
D?esos regatos los ayes,
Los sones de les campanes,
Los escuchos de los llares,
El rutir de los cachones
En la llastra al estrellase,
De las fontes los bulleros,
Los murmullos de los árboles,
Del xilguerín y el miruellu
Los cánticos celestiales,
El runcir del saltapraos
Y del grillu el son constante,
Y, en fin, los ecos de todo,
Que hai equí quien se rellame
Cuando?y falan de la tierra
En so nativu llinguaxe...

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