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Castro emula a Panenka con su penalti decisivo
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Castro emula a Panenka con su penalti decisivo NOTICIA
VolverEn 1976, Alemania y Checoslovaquia se jugaban la final de la Eurocopa en Belgrado. El empate a dos al final del tiempo reglamentario llevó el partido a los penaltis y hasta el punto fatídico se encaminó Antonin Panenka, centrocampista checo de buen toque y con fama de ser infalible desde los once metros. Panenka corrió hacia el balón y, viendo que Maier cedía a su izquierda, elevó el balón suave por el centro de la meta germana. Flotando, el balón llegó a la portería y se depositó en la red. Checoslovaquia se llevó el título y, desde entonces, ese arte ha sido conocido como «el penalti de Panenka».
Diego Castro eligió la figura legendaria de Panenka para cerrar la remontada sportinguista con un penalti que tenía planeado. «Durante la semana lo fui valorando, pero estas cosas te salen en el momento», explicó el gallego. La frase no es un tópico. El sábado, tras la estrategia, Castro se quedó chutando penaltis con Juan Pablo y ya probó con esta modalidad. En la jugada decisiva del encuentro, a Ricardo le tocó jugar el papel del alemán Sepp Maier y Diego Castro vio el camino despejado. «Sabía que Ricardo aguanta hasta el final pero luego suele caerse hacia un lado. Es rápido e intenté engañarlo. Lo lancé así por ir cambiando. Algún compañero en el vestuario me ha comentado que cómo se me ocurría hacerlo», aseguró con la inconsciencia propia de los genios.
Además de la obra de arte hubo otro detalle apenas imperceptible que habla de la calidad humana de Castro. Nada más señalar el árbitro el punto fatídico, el gallego ofreció a Kike Mateo, objeto de la infracción, el lanzamiento del penalti. «Se lo propuse porque acababa de entrar y lo estaba haciendo muy bien. Lo hablamos en el campo pero al final decidimos que lo tirara yo», relató.
Pero no todo en ese penalti fue felicidad. Con la alegría desmesurada de un gol que vale media permanencia, el gallego liberó su tensión contra el banderín de córner y el árbitro le mostró la quinta amarilla que le impedirá jugar ante el Mallorca la próxima semana. Castro apuntó en su defensa que «no sabía que eso era amarilla», pero no tardó en reconocer su error: «Perdí un poco los papeles en la celebración porque no me pueden sacar una amarilla por esa idiotez. Llevaba tiempo aguantando la amonestación y fastidia salir del equipo en este buen momento para todos, pero estoy tranquilo porque saldrá otro compañero a hacerlo igual o mejor que yo».
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